top of page

15 años de emprendimiento en Panamá (Parte 2): de sentirse capaz a construir un negocio sostenible

26 oct
4 min de lectura

¿Qué ocurre cuando una persona se siente capaz de emprender, pero no identifica suficientes oportunidades? ¿Y qué sucede cuando las oportunidades aumentan, pero también el miedo al fracaso?




Los datos del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Panamá permiten explorar estas preguntas a lo largo de tres períodos clave: de 2016 a 2018, de 2019 a 2021 y de 2022 a 2024. La evolución muestra una brecha entre las capacidades percibidas y las oportunidades identificadas, una intensificación de la actividad emprendedora durante la pandemia y un desafío que sigue vigente: convertir el potencial emprendedor en negocios capaces de mantenerse y crecer.


2016–2018: sentirse capaz no significa encontrar oportunidades

Entre 2016 y 2018, el 60,1 % de las personas consideraba tener las habilidades necesarias para emprender, pero solo el 39,6 % percibía oportunidades favorables en su entorno. La diferencia era de 20,5 puntos porcentuales.


¿Qué significa esta brecha? Una persona puede confiar en sus conocimientos y habilidades para producir un bien o prestar un servicio y, aun así, no identificar suficientes clientes, demanda o condiciones de mercado para convertir esa capacidad en un negocio viable.


Esta diferencia permite plantear una idea importante: la confianza personal es relevante, pero no sustituye la identificación de oportunidades concretas. Emprender también requiere reconocer necesidades, comprender a los clientes y evaluar si existe un mercado al que se pueda acceder.


En estos años, Panamá contaba con iniciativas de apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes), mientras las herramientas digitales ampliaban las posibilidades de promoción y comunicación comercial. Sin embargo, disponer de instrumentos de apoyo o canales digitales no garantiza, por sí solo, que una persona encuentre una oportunidad viable.


El hallazgo: sentirse capaz es un punto de partida; identificar una oportunidad concreta es otro paso indispensable.


2019–2021: más oportunidades percibidas en medio de la incertidumbre

La pandemia de COVID-19 alteró las condiciones de trabajo, los ingresos y la actividad comercial. Durante este período, el 60,8 % de las personas percibía oportunidades para emprender, el 65,2 % confiaba en sus capacidades y el 70,1 % reconocía positivamente el papel del emprendimiento en la sociedad.


Sin embargo, el miedo al fracaso también aumentó, hasta alcanzar el 43,7 %.

Al mismo tiempo, la actividad emprendedora temprana (TEA) llegó al 25,6 %. Este indicador comprende a las personas que están iniciando un negocio o gestionando una empresa nueva, todavía en sus primeras etapas.


El contexto de crisis llevó a muchas personas a reconsiderar sus fuentes de ingreso y sus formas de trabajar. Para algunas, el emprendimiento pudo representar una alternativa económica; para otras, la incertidumbre pudo convertirse en una barrera. Los datos permiten observar la coexistencia de estos fenómenos, aunque no atribuir toda la variación a una única causa.


También avanzó la transformación digital de las actividades comerciales. Las herramientas para promocionar productos, comunicarse con clientes y recibir pagos adquirieron mayor relevancia. Yappy, lanzado en 2019, forma parte de la evolución de los medios de pago digitales en Panamá.


Este período muestra que la percepción de oportunidades, la confianza personal y el temor al fracaso pueden coexistir. Una persona puede reconocer posibilidades de negocio y, al mismo tiempo, preocuparse por los riesgos que implica aprovecharlas.


El hallazgo: la incertidumbre no necesariamente paraliza la actividad emprendedora; también puede impulsar la búsqueda de alternativas, aunque bajo condiciones de mayor riesgo.


2022–2024: del potencial emprendedor a la continuidad del negocio

En el período más reciente, el 74,6 % de las personas consideraba tener las capacidades necesarias para emprender y el 55,8 % se identificaba como emprendedor potencial. Por su parte, el miedo al fracaso descendió al 18,1 %, mientras la actividad emprendedora temprana alcanzó el 27,6 %.


Estas cifras muestran una elevada percepción de capacidad y una importante disposición potencial hacia el emprendimiento. Sin embargo, el porcentaje de empresarios establecidos se mantiene cerca del 5 %.


Es necesario interpretar estos indicadores con cuidado. La TEA mide la actividad emprendedora en etapas iniciales, mientras que la tasa de empresarios establecidos se refiere a negocios que han superado esa fase. Son indicadores diferentes y no deben compararse como si representaran exactamente a las mismas personas o empresas. Tampoco permiten concluir, por sí solos, que los negocios que no aparecen entre los establecidos hayan fracasado.


La diferencia sí plantea una pregunta relevante para el ecosistema emprendedor panameño: ¿qué condiciones necesitan los negocios para superar sus primeras etapas, consolidarse y crecer?


Para responderla, es necesario mirar más allá de la intención de emprender. Importan la capacidad de identificar y retener clientes, la gestión financiera, la adaptación de la oferta, la innovación, el acceso a mercados, las redes de apoyo y el aprendizaje que surge de la experiencia empresarial.


El hallazgo: iniciar un negocio representa una etapa del proceso emprendedor; consolidarlo y desarrollarlo exige capacidades y condiciones adicionales.


La lección de estos 15 años: conectar capacidad, oportunidad y sostenibilidad

Cada etapa plantea un desafío distinto. Una persona puede sentirse capaz y no identificar oportunidades. Puede encontrar una oportunidad y temer al fracaso. Puede iniciar un negocio y necesitar mejores conocimientos, clientes, financiamiento o redes para mantenerlo. Y, aun cuando logra sostenerlo, debe seguir adaptándose para crecer.

Por eso, el reto no consiste únicamente en promover la intención de emprender o aumentar el número de personas que inician negocios. También implica fortalecer las condiciones que permiten transformar ese potencial en actividad económica sostenible.


Los 15 años de datos de GEM Panamá invitan a mirar el emprendimiento desde dos dimensiones complementarias: la humana, que incluye las capacidades percibidas, las expectativas y el temor al fracaso; y la del entorno, que comprende las oportunidades, los mercados y las condiciones que facilitan o dificultan la continuidad empresarial.

Comprender al emprendedor es importante. Comprender las condiciones en las que emprende también lo es. La sostenibilidad surge de la interacción entre ambas.


Fuente: Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Panamá. Porcentajes correspondientes a los períodos indicados en el análisis. Vea este estudio en detalles aquí: Data Science | Investigación Panamá





Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

© 2018 by D.M.Centroamérica 

bottom of page